La cantidad de calor acumulado por el planeta alcanzó un nivel sin precedentes en 2025, alerta un nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial, generando preocupación por sus posibles efectos durante cientos o incluso miles de años. La advertencia llega en un momento crítico: el mundo encadena más de una década de temperaturas extremas y fenómenos climáticos cada vez más intensos.
Durante la presentación del documento, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, fue categórico: «El clima mundial se encuentra en una situación de emergencia. Estamos llevando el planeta Tierra a traspasar sus límites. Todos los indicadores climáticos clave han superado el umbral de alarma».
El informe confirma que los últimos 11 años (2015–2025) fueron los más calurosos desde que existen registros instrumentales, consolidando una tendencia que ya no puede considerarse excepcional. «Cuando la historia se repite 11 veces, ya no es una coincidencia, es una llamada a actuar», enfatizó Guterres.
Segundo o tercer año más caluroso desde 1850
Según el Informe sobre el Estado Global del Clima, 2025 fue el segundo o el tercer año más cálido desde que comenzaron las mediciones hace 176 años. La temperatura media anual cercana a la superficie se ubicó 1,43 °C por encima de los niveles preindustriales (1850–1900).
A pesar de ello, 2024 sigue siendo el año más caluroso registrado, con 1,55 °C por encima de la media preindustrial, un valor impulsado por la ausencia del efecto temporal de enfriamiento provocado por La Niña, que sí influyó parcialmente en 2025.
Un planeta que absorbe más energía de la que libera
La OMM explica que este calentamiento sin precedentes responde a un desequilibrio energético del planeta: la Tierra está reteniendo más energía solar de la que logra emitir al espacio. Este fenómeno se relaciona directamente con el aumento de gases de efecto invernadero, generados principalmente por la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la creciente concentración de partículas que alteran la capacidad de la atmósfera para reflejar o absorber radiación.
El resultado es una acumulación de calor que impulsa olas de calor más intensas, ciclones más destructivos, pérdida acelerada de glaciares, elevación del nivel del mar y alteraciones de los patrones de lluvia en todo el planeta.
Una advertencia con impacto inmediato
Aunque la ONU advierte sobre efectos que podrían prolongarse por siglos, las consecuencias ya son visibles: eventos extremos más frecuentes, crisis hídricas, afectaciones agrícolas y presiones crecientes sobre ciudades y sistemas de salud.
El informe insiste en que aún es posible reducir los riesgos más graves si los países toman medidas urgentes para disminuir las emisiones globales y acelerar la transición hacia energías limpias.
La señal es inequívoca: el planeta está al límite, y la acelerada acumulación de calor revela la urgencia de actuar antes de que los costos humanos y ambientales sean irreversibles.



