Por Conexión Digital Multimedios
En Paraguay, donde los temas vinculados a adicciones suelen esconderse bajo silencios familiares y sociales, la historia de Belén Benítez, joven de Cazapá residente en Ciudad del Este, emerge como un testimonio valioso. Su voz se ha vuelto una referencia inesperada para muchos adolescentes y adultos que encuentran en su relato algo más que una experiencia personal: un espejo de una problemática creciente.
La normalización del consumo en la adolescencia
Belén comenzó a beber alcohol a los 14 años. “Se veía normal”, recuerda.
Esa normalidad temprana la condujo a un hábito que muchos jóvenes comparten: esperar el fin de semana para consumir. La situación se agravó cuando, meses después, inició con la cocaína.
“En cuatro meses ya sabía que no podía parar”, relata. Esa imposibilidad marcó la línea entre el consumo recreativo y la adicción. “Decís que es la última vez… y volvés. Es una enfermedad”.

Entre recaídas, pandemia y el punto de quiebre
Pasó por dos etapas de búsqueda de ayuda. Durante la pandemia logró sostenerse un tiempo, pero la recaída llegó al año siguiente.
En junio de 2024, agotada y sin respuestas, admitió: “ya no puedo más”.
Ese fue el verdadero comienzo de la reconstrucción.
Familia, silencios y el peso emocional
Belén vivía con su mamá, su padrastro y dos hermanos. Trabajaba en su tienda y llevaba, a simple vista, una vida normal.
Su mensaje a los padres es directo:
Abran el corazón, hablen, expresen afecto. Ese lenguaje puede cambiar destinos.
El giro espiritual: “Sanó heridas internas que no veía”
Aunque reconoce la importancia de los profesionales en la recuperación, afirma que el cambio más profundo llegó con la espiritualidad.
“La llegada de Dios a mi vida cambió mi ser. Sanó heridas internas. Me dio propósito”.
Ese encuentro ocurrió en Ciudad del Este, en el entorno de un familiar cristiano. Desde entonces, su proceso tomó un rumbo que ella describe como “integral”.
El entorno social: pruebas, dudas y estigmas
Belén enfrentó la incredulidad de algunos. “Me invitaron a un lugar solo para ver si realmente estaba recuperada”.
Esa situación la convenció de que no podía volver a los ambientes que la destruyeron.
“El adicto siente vergüenza y culpa. No es falta de carácter, es una enfermedad”.

Un proyecto de vida: ayudar a otros
Su experiencia en un centro de rehabilitación en Brasil la inspiró. Hoy sueña con crear un centro propio en Paraguay:
Un espacio donde la recuperación no solo trate la adicción, sino que acompañe la transformación personal.
“Jamás imaginé estar hablando en un programa. Ahora quiero que otros también encuentren ayuda”.
El impacto de sus publicaciones
En redes sociales, sus posteos generan reacciones intensas. Algunos jóvenes se sienten interpelados; otros, incómodos.
Pero todos coinciden en algo: Belén hace pensar.
“Si alguien se cuestiona antes de consumir, ya es un inicio de cambio”, afirma.
Reflexión final
La historia de Belén Benítez no busca ser ejemplar. Busca ser real.
Su relato revela que la adicción no distingue edades ni contextos. Que la recuperación es un camino de todos los días. Y que el silencio —familiar, social, emocional— puede ser tan dañino como la sustancia.
Belén habla desde su vulnerabilidad y fortaleza.
Y en un país donde demasiado se calla, una joven que decide hablar ya es, en sí misma, un acto transformador.
Las redes sociales de Belén, @serenamentepy en TikTok e Instagram.



