Diciembre, excesos y malestares: cuando las fiestas pasan factura al estómago

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Regalos, brindis, reuniones familiares y mesas cargadas de comida forman parte inseparable de las tradiciones de Navidad y Año Nuevo en Paraguay. El asado, la sopa paraguaya, la chipa guasu, el lechón, los postres caseros y el infaltable brindis se convierten en protagonistas de largas jornadas que, para muchas personas, terminan resumiéndose en una sola palabra: excesos.

En estas fechas, no es raro que las comidas se extiendan por horas, se mezclen platos pesados con bebidas alcohólicas y se coma más de lo habitual, muchas veces sin respetar horarios. El resultado suele aparecer más temprano que tarde: el sistema digestivo pasa factura y, en cuestión de minutos, el reflujo, la distensión abdominal, la acidez o la indigestión pueden arruinar una velada que prometía ser inolvidable.

Especialistas advierten que estos malestares se acentúan durante diciembre debido al aumento del consumo de carnes grasas, frituras, embutidos, dulces y alcohol, sumado al calor característico del verano paraguayo, que también influye en la digestión. Las personas con gastritis, reflujo crónico o problemas intestinales suelen ser las más afectadas, aunque nadie está exento.

Además, la costumbre de “probar de todo un poco”, repetir platos y seguir comiendo hasta altas horas de la noche, favorece la aparición de síntomas como pesadez, hinchazón y náuseas. Por eso, los profesionales de la salud recomiendan moderación, buena hidratación y escuchar al cuerpo, incluso en tiempos de celebración.

Disfrutar de las fiestas no debería significar pasar los días siguientes lidiando con malestares digestivos. Un equilibrio entre tradición y cuidado personal puede marcar la diferencia para cerrar el año y empezar el siguiente con bienestar.

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