Hoy se celebra nuevamente el Día Nacional del Tereré, una fecha que honra a una de las costumbres más arraigadas en la identidad de . Desde el año 2011, gracias a la Ley 4.261, el último sábado de febrero quedó oficialmente establecido como el día para recordar y valorar esta bebida ancestral que acompaña al paraguayo en cada jornada, sin distinción de clase, edad ni lugar.
En un mes marcado por un calor extremo, el tereré volvió a demostrar por qué sigue siendo compañero inseparable en oficinas, calles, colegios, facultades y hogares. Y para entender mejor su origen, su evolución y su impacto cultural, conversamos con el profesor y gestor cultural Clemente Cáceres, referente en temas de gastronomía tradicional e historia indígena.
Un legado anterior a la llegada de los españoles
Cáceres explica que el tereré no es simplemente una bebida refrescante, sino un símbolo que proviene de un pasado profundo:
“Hablamos de más de 500 años antes de la llegada de los españoles. Los pueblos paleolíticos ya descubrían las propiedades energizantes de la hoja de yerba mate, a la que llamaban canguit”.
Aquellas comunidades mascaban las hojas para obtener fuerza durante sus desplazamientos. Más tarde, con la llegada de los Karaí-guaraní, la planta comenzó a ser procesada mediante un tostado suave —la barbacua— que facilitó su consumo y suavizó sus componentes químicos.
De planta sagrada a infusión ritual
Antes de ser bebida cotidiana, la yerba mate fue parte de ceremonias y ritos espirituales. Cáceres relata que la infusión era reservada únicamente para líderes y jefes tribales:
“Era un té ceremonial. Se usaba para discutir temas importantes durante largas horas. Era una planta sagrada, un elemento espiritual”.
Cuando los conquistadores europeos llegaron, encontraron estas ceremonias realizadas en cuencos cerámicos o en porongos de gran tamaño. Ese impacto cultural cruzó generaciones hasta llegar a lo que hoy conocemos como tereré, la versión fría y revitalizante adoptada por el pueblo paraguayo.
Identidad, resistencia y orgullo cultural
Cáceres destaca que el tereré es mucho más que una preparación: es un acto de encuentro y un vehículo de memoria colectiva.
“Para nosotros, el tereré simboliza identidad y unidad. Está presente en el día a día, pero también en los momentos que definen nuestra cultura”, señala.
En un país marcado históricamente por el clima adverso, esta bebida se transformó en una herramienta natural para resistir las temperaturas extremas y, al mismo tiempo, mantener vivas las prácticas comunitarias.
Actividades previstas y revalorización constante
Este sábado, diversas plazas y espacios públicos celebrarán con ferias, concursos de remedios yuyos y actividades educativas que buscan reforzar la importancia de preservar la tradición. “El objetivo es que los jóvenes comprendan el valor histórico de lo que consumen todos los días”, afirma Cáceres.
Un símbolo que trasciende generaciones
El Día del Tereré recuerda que las tradiciones no se conservan solas: necesitan contarse, compartirse y vivirse.
“Cada sorbo que damos —concluye Cáceres— es parte de una historia que empezó mucho antes que nosotros. Y es nuestra responsabilidad mantenerla”.



