James Ussher, el obispo católico que calculó, con base en la Biblia, la antigüedad de la Tierra, determinó que la Creación tuvo lugar a las seis de la tarde del sábado 22 de octubre del año 4004 antes de Cristo. Según sus cálculos, Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso el lunes 10 de noviembre del mismo año. También estableció que el Diluvio Universal concluyó el miércoles 5 de mayo de 2348 antes de Cristo.
Escribe: Elvio Venega (*)
Hoy, 4 de enero, la efeméride universal arroja una curiosidad que vale la pena leer. Quizás muchos ya han escrudiñado sobre el tema, a otros puede ser una novedad, pero, sea el caso que fuere, vale la pena una breve remembranza sobre un asunto que difícilmente puede tener sustento lógico: la antigüedad de la Tierra y la edad exacta de la Creación del mundo. Claro, desde el punto de vista teológico. Paso a contarles.
Un día como hoy, pero en 1581, en la ciudad de Dublín, Irlanda, nacía el arzobispo católico James Ussher, en una rica familia angloirlandesa. Tuvo a su cargo la diócesis de Armagh, en Irlanda del Norte. Murió el 21 de marzo de 1656, a los 75 años de edad. Ussher, al parecer, fue un destacado teólogo y cronologista bíblico. Hasta aquí, en apariencia, no hay mucho de novedoso en evocar esta efeméride.
Sin embargo, la novedad surge si se menciona que este hombre ha sido uno de los precursores en intentar calcular con exactitud el inicio del tiempo creado, apoyándose en genealogías y cronologías bíblicas, algo absolutamente novedoso y fuera de serie en sus tiempos. Este particular clérigo calculó, con base en la Biblia, la antigüedad de la Tierra.
Hoy su legado es más anecdótico que válido científicamente, pero no deja de ser interesante para ver cómo el ser humano, desde remotas épocas, cultivó el interés, la voluntad y el deseo de medir el pasado. Si miramos este tema en los tiempos actuales, el trabajo realizado y publicado por James Ussher no es más que una curiosa pieza de historia intelectual y religiosa. Pero, amable lector, no nos desanimemos por ello y vayamos al meollo del asunto.
En 1650, James Ussher publica su obra “Annales veteris testamenti, a prima mundi origine deducti” (Anales del Antiguo Testamento, que deducen los orígenes primeros del mundo). Este libro, en el momento de su publicación, causó mucha curiosidad sin mayores cuestionamientos, puesto que pertenecía a una autoridad eclesiástica y la Biblia era —y sigue siendo— una fuente indubitable en materia teológica.
En fin, Ussher determinó que Dios había creado el universo el sábado 22 de octubre del año 4004 a. de C., a las seis de la tarde, lo que significa que, según Ussher, la creación del Universo cumpliría, el próximo 22 de octubre, 6030 años. Estimó también que Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén o “Paraíso Terrenal” el lunes 10 de noviembre de ese año, y dató además el fin del Diluvio el 5 de mayo de 2348 a. C., situando a Noé en dicha fecha en el monte Ararat, según su cronología.
La tarea de datar el inicio del espacio y del tiempo mediante la traducción de los textos bíblicos del hebreo y el latín fue ardua. El clérigo la acometió en 1631, al cabo de casi dos décadas dedicadas a consagrar lo consabido, lo que ya constaba en los escritos más antiguos y sagrados para la tradición judeocristiana.
Como teólogo, basado en una interpretación literal de la Biblia, Ussher había llegado a esta notable conclusión analizando las generaciones que aparecen en el Antiguo Testamento, usando además su amplia imaginación. En su época, muchos aceptaron estos números por obedecer a una autoridad eclesiástica y porque la Biblia era fuente primaria. Con el tiempo, la crítica histórica y los avances científicos desplazaron esas cronologías literales.
Pero el obispo irlandés no fue el único en pensar en cifras literales. Sin ir muy lejos, John Lightfoot, de la Universidad de Cambridge, proponía como fecha de la Creación el año 3928 a. C. Y Newton (Isaac) dedicó buena parte de su tiempo a calcular la fecha exacta de la Creación. Naturalmente, el cálculo de Ussher era un disparate, que ni siquiera convenció demasiado a los científicos de la época, ya embarcados en el irresistible impulso de la gran Revolución Científica.
Sus contemporáneos Johannes Kepler (1571-1630) y Galileo Galilei (1564-1642) rompían los moldes y se lanzaban a la aventura del espacio y del tiempo infinitos, proclamando que las leyes del mundo estaban escritas con el lenguaje de las matemáticas. Desde René Descartes, cobró fuerza la idea de una Tierra muy antigua. En el siglo XVIII, el gran naturalista francés Georges-Louis Leclerc de Buffon (1707-1788) calculó 74.832 años, una cifra que en 1778 causó sensación, pero que en realidad no era nada.
En 1863, el gran físico escocés William Thompson, conocido como Lord Kelvin, calculó entre noventa y ocho millones y doscientos millones. Pero seguía siendo muy poco. Con la llegada de los métodos modernos de datación, el geólogo inglés Arthur Holmes hizo una estimación de mil seiscientos millones de años de edad y, sin embargo, seguía siendo poco. Una segunda estimación de Holmes dio la cifra de cuatro mil quinientos millones de años, que es la que se acepta actualmente.
La Iglesia católica nunca le dio un respaldo oficial a su teoría, aunque ciertamente hubo algunos sectores que la consideraron. La postura de Roma siempre fue un tanto más flexible con respecto a la interpretación de la Biblia y la cronología de la creación. Así que, aunque los “Anales de Ussher” tuvieron impacto, con el tiempo y la refutación científica, estos quedaron en nada.
Así se escribe la Historia.
Elvio Venega es abogado y comunicador y actual presidente de la Red Activa Paraguay



