La idea de que la edad de la madre es un factor crucial para la salud del bebé está profundamente arraigada en la conciencia colectiva y se ha visto que una mayor edad está asociado a enfermedades. Sin embargo, la ciencia lleva años acumulando pruebas de que la edad del padre también juega un papel fundamental.
Ciertas mutaciones genéticas no solo alteran un gen, sino que otorgan una ventaja competitiva a las células madre que producen los espermatozoides (las espermatogonias). Estas células mutadas se replican más rápido y con más eficacia que sus compañeras sanas, por lo que van a predominar por delante de los gametos que son adecuados.
Como resultado, con el paso de los años, el porcentaje de espermatozoides que portan estas mutaciones «egoístas» aumenta de forma exponencial, no lineal, y esto hace que un hombre con treinta y pocos años tenga 1 espermatozoide por cada 50 con una mutación que cause una enfermedad. Pero cuando se llega a los 70 años, esta cifra se dispara a 1 espermatozoide de cada 20.
Fuente: xataka.com



