Un reciente sondeo realizado a 500 trabajadores en Paraguay encendió señales de alarma: siete de cada diez admiten que continúan realizando tareas laborales en sus horarios libres, ya sea respondiendo mensajes, atendiendo llamadas o gestionando pendientes fuera de oficina.
El fenómeno, conocido internacionalmente como “blurring” —del inglés blur, “difuminar”— describe la pérdida de límites entre la vida profesional y la personal. Esta tendencia es considerada problemática en foros globales de Recursos Humanos, donde se viene discutiendo por su impacto directo en la salud mental, el descanso y la calidad de vida de los trabajadores.
Un problema creciente también en Paraguay
Aunque en diversos países la normativa sobre derecho a la desconexión laboral avanza con fuerza —como en España, Francia o Argentina—, en Paraguay el tema todavía se encuentra mayormente en fases de discusión técnica y recomendaciones internas, especialmente en sectores privados con alta carga tecnológica o disponibilidad permanente.
Especialistas locales advierten que el blurring se volvió más frecuente tras la pandemia, con la expansión del trabajo remoto y el uso constante de aplicaciones como WhatsApp para coordinar tareas. Sin límites claros, el trabajador nunca “desconecta” del todo, lo que deriva en agotamiento, estrés, menor tiempo para la familia y una creciente sensación de estar “siempre disponible”.
El mensaje central es claro: si no hay separación entre trabajo y vida personal, no existe verdadero descanso.
Claves para establecer límites saludables
Expertos en RRHH recomiendan aplicar prácticas básicas pero efectivas:
1. Separar la línea laboral de la personal.
Usar un número o dispositivo de trabajo que se apague al finalizar la jornada. Las llamadas al número privado deben quedar solo para emergencias reales.
2. Evitar responder mensajes o correos laborales fuera del horario.
No chequear mails ni WhatsApp laborales durante fines de semana ni en momentos de descanso.
3. Hablar abiertamente con los superiores.
Explicar la necesidad de límites saludables y negociar acuerdos de disponibilidad que respeten el bienestar del trabajador.
Mientras el debate sobre una eventual reglamentación continúa, especialistas coinciden en que la cultura laboral debe avanzar hacia prácticas que protejan el tiempo personal y el derecho al descanso. Porque, en definitiva, trabajar mejor también implica saber cuándo dejar de trabajar.



